Siempre he seguido mis impulsos sentimentales, hedonísticos: De eso no hay duda. Hasta mi misoginia (1930- 1934) era un principio voluptuososo: no quería fastidios y me complacía con la actitud. Cuán invertebrada era esa actitud, se ha visto después. Y también en la cuestión del trabajo, ¿he sido nunca otra cosa que un hedonista? Me complacía en el trabajo febril a golpes, bajo el estro de la ambición, pero tenía miedo, miedo de atarme. Nunca he trabajado de verdad y en realidad, no sé ningún oficio. Y también se ve claro otro fallo. No he sido nunca el simple inconsciente que se da sus satisfacciones y se lo toma a broma. Soy demasiado vil para esto. Siempre me he halagado con la ilusión de sentir la vida moral, y he pasado momentos deliciosos -es la palabra justa- planteándome casos de conciencia sin propósito de resolverlos en la acción. Si no quiero descubrir la complaciencia que en otro tiempo sentía en el envilecimiento moral con propósito estético, esperando de él una carrera de genio. Y este tiempo no lo he superado todavía.
[...]
Es sumamente voluptuoso abandonarse a la sinceridad, anularse en algo absoluto, ignorar cualquier otra cosa; pero, precisamente porque es voluptuoso hay que dejarlo. Si algo debería estar ya claro para mí, es esto: todas las palizas que me he llevado han sido por culpa de mi abandono voluptuoso a lo absoluto, a lo ignoto, a lo inconsciente. No he comprendido todavía qué es lo trágico de la existencia, no me he convencido todavía. Y sin embargo está muy claro: hay que vencer el abandono a lo voluptuoso, dejar de considerar los estados de ánimo como fines en sí mismos.
Para un poeta, es difícil. O también muy fácil. Un poeta se complace en hundirse en un estado de ánimo y lo disfruta - ésta es la huida de lo trágico. Pero un poeta no debería olvidar nunca que un estado de ánimo todavía no es nada para él, que lo que cuenta para él es la poesía futura. Este esfuerzo de frialdad utilitaria es su tragedia.
El oficio de vivir. Cesare Pavese
domingo, 9 de mayo de 2010
lunes, 5 de abril de 2010
martes, 16 de marzo de 2010
A veces padezco una breves, extrañas, y violentas revelaciones de belleza, una belleza desconocida, inasequible, apenas perceptible en algunos paisajes, palabras, matices del mundo, segundos... No me veo capaz ni de darla a conocer a otros, ni de expresarla, ni de describirla. Me la guardo para mí mismo. No tengo ninguna otra razón de existir, ningún otro motivo para seguir existiendo...
Maupassant
Maupassant
jueves, 4 de marzo de 2010
Witold Gombrowicz. Diario
Yo, sin embargo, estoy cada vez menos dispuesto a dividir mi sensibilidad en compartimentos y no quiero cerrar los ojos a los absurdos que acompañan al arte sin pertenecer a él. Exijo del arte no solamente que sea bueno como arte, sino también que esté bien unido a la vida. No tengo ganas de tolerar sus templos demasiado ridículos, ni oraciones... demasiado ridiculizantes. Si éstas son las obras maestras que han de llenarnos de tanta admiración, ¿por qué entonces nuestro sentimiento resulta temeroso, inseguro y anda a tientas? Antes de caer de rodillas ante una obra maestra nos ponemos a pensar si en realidad se trata de una obra maestra, nos preguntamos tímidamente si debería deslumbrarnos, nos informamos minuciosamente acerca de si nos está permitido experimentar esos placeres celestiales, y sólo entonces nos abandonamos al éxtasis. ¿Cómo relacionar el supuestamente fulgurante poder del arte, tan irresistible, espontáneo y evidente, con la inseguridad de nuestra reacción?
Publicado por S.
Publicado por S.
miércoles, 3 de marzo de 2010
E hicimos lo que hicimos, hicimos el amor
atentamente, y después
nos bañamos en el río, y nuestros cuerpos se unieron
con tanta calma
como los hombros del nadador resplandecen al amanecer,
como el pino se alza bajo la lluvia en las afueras del pueblo.
El efecto subió por la cuesta siglo tras siglo.
Y un día nació mi fidelidad a ti.
Robert Bly
atentamente, y después
nos bañamos en el río, y nuestros cuerpos se unieron
con tanta calma
como los hombros del nadador resplandecen al amanecer,
como el pino se alza bajo la lluvia en las afueras del pueblo.
El efecto subió por la cuesta siglo tras siglo.
Y un día nació mi fidelidad a ti.
Robert Bly
jueves, 4 de febrero de 2010
Esos grandes científicos que parecen saberlo todo, que han contado las vértebras de los vertebrados y las sílabas de los poemas de Arquíloco, no saben sin embargo discernir lo que pone en movimiento las mentes y las acciones humanas , analizan la creación sin ver su esencia, estudian el fuego sin saber describir más que las cenizas.
Adam Zagajewski. En defensa del fervor.
Adam Zagajewski. En defensa del fervor.
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