viernes, 3 de julio de 2009

Rayuela

Explicar, explicar- gritaba Etienne-. Ustedes si no nombran las cosas ni siquiera las ven.

Le gustaba que todo lo que hacía estuviera lo más lleno posible de espacio libre, y que el aire entrara y saliera, y sobre todo que saliera; cosas parecidas le ocurrían con los libros, las mujeres y las obligaciones, y no pretendía que Gekrepten o el cardenal primado entendiesen esas fiestas.

Me había llevado muy poco comprender que a la Maga no había que plantearle la realidad en términos metódicos, el elogio del desorden la hubiese escandalizado tanto como su denuncia.

¿Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin sentar las nociones de orden y desorden, de libertad y Rocamadeur como quien distribuye macetas con geranios en un patio de la calle Cochobamba.

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